Los Lakers aún tienen vida, pero la temporada de la NBA está perdida


«Todavía tenemos partidos por jugar. Hasta que me pisoteen, me corten la cabeza, me entierren 12 pies bajo tierra, tengo una oportunidad. Esa es mi confianza».

LeBron James (quién si no) dijo esto al término de una nueva derrota de sus Lakers ante Mavericks. La sexta en los últimos siete encuentros o la décima de los últimos 13. Desde comenzó el mes de febrero solo ha sumado tres victorias y la temporada parece estar encaminada definitivamente hacia el fracaso.

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Pero LeBron es el líder del equipo, el que debe predicar con el ejemplo, quien debe mantener en alza el espíritu competitive de un plantel que se está acostumbrando peligrosamente a cambiar aplausos por silbidos.

Disputados tres cuartos de la competencia, los Lakers está siete partidos por debajo de una marca del 50% (27-34), se encuentran en la novena lugar con dos juegos de ventaja sobre New Orleans Pelicans (25-36), Portland Trail Blazers (25-36) y tres juegos y medio sobre San Antonio Spurs (24-38).

Y si se mira para arriba de la tabla, evitar el torneo de play in parecería ser una montaña imposible de escalar: están a 9 victorias de distancia del sexto lugar que ocupan los Denver Nuggets. Descontar tamaña cantidad de juegos en apenas 21 por jugar, es una quimera.

La temporada parece inexorablemente perdida. Entre lesiones, problemas de construcción del plantel, edad promedio y, especialmente, falta de identidad de juego, la sentencia no es oficial pero aparece como una posibilidad casi imposible de cambiar.

¿Es posible creerle a las palabras expresadas por LeBron? ¿O hay que prepararse para que en algunos partidos más sus fanáticos agiten una bandera blanca?

Lakers: ¿Es un equipo bipolar?

Siempre se menciona que después del Juego de las Estrellas, es cuando realmiente empieza a cocinarse la temporada. Es el momento en que los equipos empiezan a calentar motores preparándose para que el equipo suene afinado y con buen ritmo de cara a los playoffs.

Sin embargo, hoy los Lakers no están en esa situación. Desde que comenzó febrero están tratando de consolidar una idea de juego, pero no lo logran. Por el contrario, partido a partido luce más como un equipo anárquico, sin ideas, que procura revertir el curso en base a manotazos de ahogados.

Las 30 formaciones iniciales intentadas en lo que va la temporada, es prueba de ello. Un cambio en el quinteto inicial cada dos juegos es demasiado. Atenta contra la consistencia y crea dudas. Su propio entrenador Frank Vogel ha reconocido que este tema se ha convertido en una verdadera pesadilla, y si bien intenta buscar respuestas que lo lleven a encontrar signos de progreso, lo cierto es que estos no se ven por ningún lado.

Lo más palpable de todo es la desconfianza que se ve en sus propios jugadores. Cualquier contratiempo parece quebrarlos. Cualquier adversidad se convierte en algo imposible de resolver en el curso de un juego.

Por ejemplo, en la catastrófica derrota por 28 puntos ante Pelicans, el equipo sumó 23 pérdidas de balón con LeBron y Russell Westbrook aportando 7 cada uno en dicho casillero estadístico. Pero lo más preocupante de todo, fue el nivel de intensidad mostrado en la cancha.

Por momentos dejan la sensación de ser un equipo bipolar. Pero de una bipolaridad diferente: no de la que alterna momentos de excelencia con otros de caos, sino la de una bipolaridad medida en términos de intensidad y concentración.

En aquel partido ante New Orleans, el lenguaje corporal de cada integrante del plantel denotaba que la concentración y el esfuerzo no estaban presente y que ello conduciría inexorablemente a aumentar el número de derrotas en la temporada.

Fue una noche de derrota y humillación. Jeanie Buss (la dueña del equipo) dejó el estadio en el tercer cuarto y jugadores como el propio LeBron, Trevor Ariza y Russell Westbrook terminaron discutiendo con fanáticos que no paraban de criticarlos. Fue uno de los puntos más bajos de la temporada, sin dudas.

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Pero volvamos a la bipolaridad. En las derrotas ante LA Clippers y Dallas Mavericks, el equipo mostró decisión para pelear cada posesión como si fuera la última, pero en ambas ocasiones terminó perdiendo un juego en el que tuvieron ventajas de 5 y 6 puntos en el último cuarto.

Ante los Mavericks, la bipolaridad también se expresó en diferentes momentos del juego. Llegó a estar 19 puntos abajo en el segundo cuarto para cerrar la primera mitad perdiendo 71-56 luego de que Dallas le anotara 41 en el segundo cuarto solamente.

En el tercer cuarto, todo fue a la inversa: los Lakers dejaron a Dallas en 14 puntos y consiguieron entrar al período final con 2 puntos de ventaja. La diferencia se extendió a 5 faltando poco más de 8 minutos para el cierre, sin embargo, con un parcial favorable de 17-7, Dallas se quedó con el triunfo. Con buenas rachas solamente, no alcanza para ganar partidos de manera consistente.

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Los Lakers ya tienen que pensar en el futuro

Es momento de pensar en la reorganización de una franquicia que difícilmente va a trascender en postemporada.

El futuro luce como para tener un mal cierre de temporada

Sin la presencia de Anthony Davis por un buen rato, ya que recién en tres semana será evaluado de su lesión en el tobillo, las posibilidades de que Lakers ganen en consistencia se reducen.

¿Le dará Vogel continuidad a lo mostrado ante Dallas utilizando una formación baja con LeBron James como pivote? ¿O seguirá en su búsqueda de encontrar una formación que le de garantías de competir y ganar partidos?

Los Lakers no está en condiciones de andar experimentando, sino todo lo contrario. Después de 61 juegos deberían saber como fortalecer sus atributos y como disimular sus debilidades. Pero aún quedan muchas tuercas que ajustar y varias preguntas que resolver.

¿Westbrook debe jugar en el cierre de los partidos? ¿Deben tratar de implementar una mejor defensa de la pintura con formaciones tradicionales que incluyan un pivote? Esas son algunas de las más picantes.

Lo más probable es que siga todo como está: solo Dwight Howard es un pivote capaz de defender la zona pintada hoy en día tras la baja de Davis. Y Howard ante Dallas solo estuvo en cancha 4 minutos, mientras su promedio de minutos por juego en los últimos cinco encuentros ha sido de 14.

A las dudas existentes del tipo de formaciones utilizarán, el calendario se encarga de sumarle otras de mayor peso y contundencia: de los 21 partidos que le quedan por disputar, 16 serán contra rivales que tienen mejor marca que la propia. Además, 14 de ellos los tendrá que disputar en condición de visitante y fuera de casa han ganado solo 9 de 27 encuentros. Es por ello que las palabras de LeBron James suenan más a una expresión de deseo que a una convicción verdadera.

Si bien oficialmente no hay nada escrito, hay que pensar que si bien hoy está dentro del play in, la posibilidad de que pudiera quedar fuera del top 10 en la Conferencia del Oeste y convertirse en un equipo que vaya a la lotería del draft, está latente.

El objetivo real a esta altura es salvar la temporada. Pero cuando hablamos de salvarla estamos imaginando entrar al play in y, por lo menos, jugar una primera ronda de playoffs. Porque no quedan dudas de que, con este presente, nadie puede imaginarse un escenario mejor.

Y todo esto sucede aún cuando en su plantel está LeBron James, que a sus 37 años viene cerrando una temporada con números impresionantes: promedia 28.9 puntos por juego con un 52% en tiros de cancha y un 35.1% en triples. Además hay que agregarle 8.0 rebotes, 6.3 asistencias, 1.0 tapones y 1.6 robos en 36.8 minutos de promedio.

En caso de haber estado mejor rodeado, de haber tenido menos lesiones y de que el equipo hubiera tenido una identidad definida, los objetivos hoy podrían ser otros. En cambio, estas estadísticas del mejor jugador del equipo han caído en saco roto.

Históricamente, una salida rápida fue considerada como fracaso para una de las dos franquicias con más títulos en la historia de la NBA. Por ello, la palabra fracaso aplica perfectamente a la hora de describir esta temporada.

La cruda realidad indica que estos Lakers tienen 21 juegos por delante para intentar salvar una temporada.

Pero a pesar de las palabras de LeBron, esta temporada ya está perdida.


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