La persecución de Assange «criminaliza» al periodismo de investigación

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CANDELA CHOCLÁN

Hace una década del terremoto político provocado por el fundador de Wikileaks, Julian Assange, que liberó la mayor filtración habida en la historia. Ahora, se enfrenta a enfrenta a una posible extradición a EEUU, arriesgándose a una condena de 175 años en la misma prisión que aloja a ‘Unabomber’ o al ‘Chapo’ Guzmán. Los participantes del coloquio organizado por Espacio Público han abordado este lunes este caso, que podría suponer el fin de derecho de asilo, una mordaza letal para el periodismo de investigación.

Virginia Pérez Alonso, directora de Público; Fidel Narváez, ex-cónsul de Ecuador en Londres; Txema Guijarro, diputado de Unidas Podemos; y Renata Ávila, abogada especializada en Derechos Humanos y Tecnología. Además, participan en este debate Caso Assange: la mordaza al periodismo, moderado por Víctor Sampedro, catedrático de Comunicación Política en la URJC, que tiene como invitado especial a Carlos Enrique Bayo, periodista de investigación en Público.

Más de 250.000 documentos, en su mayoría secretos y confidenciales, del Departamento de Estado de EEUU, que ofrecían una imagen sin maquillaje de la superpotencia, se hicieron públicos gracias la plataforma Wikileaks. Un hecho, que supuso un antes y un después en la historia del periodismo y que inauguro una era de megafiltraciones en la que varios medios colaboraban de manera coordinada.

El caso de WikiLeaks es un referente en el periodismo, sobre todo independiente y de investigación, del siglo XXI. Para la directora de Público, Virginia Pérez Alonso, la persecución de Assange supone al mismo tiempo una persecución y «criminalización» del trabajo y el deber del periodista que es «investigar y publicar el resultado de esas investigaciones».

En este sentido, es imposible desvincular la importancia que tiene el caso WikiLeaks con el derecho a la libertad de expresión y el silencio que hay en los medios que llegaron al acuerdo para publicar todos los cables. «La respuesta de los medios es pequeña en comparación con lo que fue en su día. Si EEUU extradita a Assange consigue salirse con la suya, condicionando la libertad de publicación de cualquier periodista en cualquier lugar del mundo», subraya Alonso.

Un juego de héroes y villanos

La hiperpersonalización y los bulos han bombardeado constantemente al caso Assange alejando los focos del verdadero debate. En el tema de Assange, el juego ha sido convertirlo en un violador, algo que ha terminado dando resultado y generando un rechazo hacia su persona convirtiéndolo en un personaje incómodo. «En las historias de héroes y villanos cuando conviertes en héroe a alguien es tremendamente fácil que acabe siendo el villano y el caso de Assange es muy ilustrativo, la estrategia ha funcionado», sostiene Alonso.

También con la persecución voraz de Estados Unidos que quiere hacer de él un presente para cualquiera que se atreva a hacer lo mismo. Wikileaks hizo temblar al pentágono, hizo comparecer a Obama y a temer a los poderosos por lo que se le declaró como enemigo del Estado.

El periodista pasó siete bajo el asilo político de la embajada ecuatoriana en Londres. En Ecuador se tomó muy en serio el caso y se analizó durante meses antes de garantizar ese asilo. «Tuvimos acercamientos con Suecia, Australia, Dinamarca para comprobar esa persecución. Ni Suecia, ni Reino Unido estuvieron interesados en hacer justicia, respondían a la presión de EEUU», cuenta Fidel Narváez, ex-cónsul de Ecuador en Londres.

Aunque fue con el Gobierno de Lenín Moreno cuando se produjo la traición democrática a los ciudadanos que eligieron ese Gobierno bajo una propuesta política que al final implementó la propuesta de la derecha. «Para Assange los que habíamos sus protectores pasamos a ser sus perseguidores, ya que el gobierno comenzó a dar a EEUU todo lo que le pidiera», destaca Narváez. Entonces, también se extendieron los bulos sobre el fundador de WikiLeaks.

«Lo que significa WikiLeaks en la historia digital del siglo XXI es que una red de redes fuera capaz de explotar esas capacidades democratizadoras y esto tiene una relevancia en términos históricos», comenta el diputado de Unidas Podemos, Txema Guijarro. Es esa misma relevancia la que le otorgó EEUU, que dio por perdido el control.

«Pone en riesgo más de lo que podemos dimensionar»

Esta historia que es un aviso a navegantes, en la que el próximo 4 de enero no solo se decide el destino particular del fundador de Wikileaks, podría tener consecuencias en el ejercicio de la libertad de prensa en el futuro.

«Este proceso toca muchas más jurisdicciones que solo la de Inglaterra y que pone en riesgo más de lo que podemos dimensionar desde el periodismo de investigación hasta el desarrollo de tecnologías e innovación para proteger la privacidad y esa son las tres esferas de intersección: tecnologías para la privacidad y cifrado, periodismo independiente que no depende del patronazgo corporativo o estatal y la esfera del público», recalca la abogada especializada en Derechos Humanos y Tecnología Renata Ávila.

Wikileaks es algo más que Julian Assange, es algo que surge de lo colectivo, un movimiento precedido por otros como el movimiento de Software libre o el movimiento de la criptografía. Ya en 2009, reitera la abogada, se dio el auge de los periodistas de investigación independientes antes de que WikiLeaks publicara Collateral Murder. Entonces ya había alrededor de 150 blogeros y ciberactivistas que fueron arrestados a lo largo de ese año por sus publicaciones en línea, en su mayoría en países autoritarios, y que estaban exponiendo la verdad a través de sus publicaciones online, concreta Ávila.

La administración de Obama cometió errores muy serios que rectificó a su salida. La justicia de ese país condenó a la que habría sido la fuente de WikiLeaks, Chelsea Manning, aunque en 2017 recibió el perdón presidencial de Obama y salió de la cárcel. En febrero de 2012 el Relator de la ONU contra la Tortura informó que Manning había sido sometida a trato cruel, inhumano o degradante. Posteriormente, fue condenada y su fue pena conmutada por la Administración Obama al terminar su mandato, aunque se encuentra en prisión tras negarse a declarar en varias ocasiones contra Assange.

Ahora, con la administración Biden, existe en palabras de Ávila, «una esperanza de que pueda recuperar el curso porque existe un consenso absoluto en todas las organizaciones en favor de la libertad de expresión que este caso es un absurdo y que no debe continuar».

Como periodista de investigación de este medio, Carlos Enrique Bayo, considera lo que se está juzgando es condenar lo que todos los periodistas de investigación hacen tratándolo de «ilegal y perseguible» por encima de los tratados internacionales y de las normas básicas de los Derechos Humanos.

Casi 1600 periodistas de todo el mundo, entre los que se encuentra este diario, participan en una iniciativa a favor de Julian Assange, que no solo implica su liberación, sino la defensa de los periodistas de «hacer de guardianes de la ciudadanía y el derecho al conocimiento de los ciudadanos».

Diario Publico


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