El legado de Wikileaks: así se destaparon las violaciones a los derechos humanos que EEUU quería ocultar

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 Las revelaciones de documentos secretos permitieron conocer distintos crímenes cometidos por el Ejército estadounidense en Afganistán o Irak. También arrojaron luz sobre las vulneraciones registradas en Guantánamo y Abu Ghraib.

DANILO ALBIN

Miles y miles de documentos. Papeles secretos que dejaron de serlo. Verdades ocultas que ya no lo están. «Cotilleos», dijo el expresidente José María Aznar en el otoño de 2010 para tratar de desacreditar las revelaciones que atravesaban el planeta de la mano de Wikileaks y de su fundador, Julian Assange. Era el principio de una historia que encerró muchas historias y aportó luz allá donde algunos buscaban que reinase la oscuridad de Estado.

En los capítulos de Wikileaks hay una fecha clave: el 5 de abril de 2010. Aquel día, el mundo conoció un vídeo grabado en julio de 2007 en el que se apreciaba a soldados de Estados Unidos acribillando a gente desarmada en un suburbio de Bagdad. Los disparos realizados desde un helicóptero AH-64 Apache de la Fuerza Aérea estadounidense provocaron la muerte de doce civiles. Entre ellos se encontraban los colaboradores de la agencia Reuters Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh.

El siguiente hito informativo llegó el 25 de julio de 2010. Fue entonces cuando Wikileaks puso a disposición de la opinión pública internacional la friolera de 90.000 documentos desclasificados sobre la guerra en Afganistán. Allí se recogían 100 categorías de archivos con distintos casos que demostraban las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en el marco de la intervención militar en ese país.

Tres meses después el mundo conoció las atrocidades ocultas en Irak, otro territorio en el que EEUU cometió –y escondió– crímenes contra civiles, al tiempo que consintió las ejecuciones sumarias perpetradas por las fuerzas aliadas iraquíes. En aquella filtración de 400.000 documentos producida el 22 de octubre de 2010, Wikileaks también dio a conocer –entre otros tantos aspectos– un escandaloso recuento de víctimas realizado por Estados Unidos, en el que se admitía que el 60% de las personas fallecidas en Irak entre 2003 y 2009 eran civiles.

Los archivos del ‘Cablegate’

La Casa Blanca volvió a temblar el 28 de noviembre de 2010, cuando la organización dirigida por Assange lanzó el denominado «Cablegate»: nada más y nada menos que 250.000 documentos del Departamento de Estado de EEUU en los que se recogían comunicaciones del Ejecutivo de ese país con sus delegaciones diplomáticas en distintas partes del mundo.

Entre otras cosas, se conoció entonces que la embajada estadounidense en España presionaba al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para evitar que se esclareciera el asesinato del cámara José Couso en Irak. También se difundió información sobre el paso de los vuelos de la CIA por territorio español. A bordo viajaban presos con destino a la cárcel secreta de Guantánamo.

El horror de Guantánamo y Abu Ghraib

Precisamente, ese centro de detención de Estados Unidos tuvo un protagonismo central en la revelación de documentos que se produjo el 25 de abril de 2011. En esa nueva remesa de archivos, Wikileaks difundió fotografías y detalles inéditos sobre los interrogatorios en la cárcel de Guantánamo. Los informes revelaban que 150 personas afganas y pakistaníes habían sido detenidas sin ningún tipo de juicio. Además, se supo que el preso más joven tenía 14 años. El mayor había cumplido ya 89.

No era la primera vez que el nombre de ese centro de detención aparecía en los papeles de la organización fundada por Assange: en 2007, poco después de su creación, Wikileaks había dado a conocer un manual del Ejército de EEUU para los soldados que prestaban funciones en Guantánamo. Entonces ya se establecía la utilización de perros para amedrentar a los presos, así como órdenes para restringir el acceso de la Cruz Roja a ese siniestro lugar. En aquellos informes, EEUU reconocía que el 20% de los reclusos de Guantánamo habían sido llevados a ese sitio de forma arbitraria. Nada tenían que ver con el terrorismo ni suponían ninguna amenaza para nadie.

El legado de Wikileaks también está marcado por revelaciones sobre la cárcel iraquí de Abu Ghraib, otro lugar donde se violaban los derechos humanos bajo absoluta impunidad. Entre los documentos difundidos entonces figuraban los denominados «Procedimientos Operativos Habituales» de Abu Ghraib, Bucca (otro campo de detención en suelo de Irak) y Guantánamo.

Según palabras de Assange, aquellos documentos mostraban «la anatomía del monstruo de detención creado tras los ataques del 11 de septiembre, la creación de un espacio oscuro en el que la ley y los derechos no existen, donde la gente puede ser detenida sin dejar rastro, a voluntad del Departamento de Defensa».

Espionaje a gobernantes

Asimismo, gracias a Wikileaks el mundo conoció las operaciones de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA, por sus siglas en inglés) contra líderes políticos europeos. La NSA llegó a realizar escuchas secretas de un encuentro entre la canciller alemana Ángela Merkel y el entonces secretario general de la ONU Ban Ki-Moon.

El Gobierno de Estados Unidos también espió una reunión privada entre el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, el expresidente francés Nicolás Sarkozy y Merkel. Hubo además escuchas de una conversación entre Berlusconi y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

Los correos de Hillary Clinton

En marzo de 2016 llegó la filtración de más de 30.000 correos electrónicos recibidos y enviados por Hillary Clinton cuando ostentaba el cargo de secretaria de Estado en la Administración de Barack Obama. También vieron la luz 27.000 comunicaciones del Comité Nacional Demócrata (CND) y 50.000 correos electrónicos de John Podesta, jefe de la campaña presidencial de Hillary Clinton.

Todos aquellos documentos dibujaban casos de disputas y maniobras internas o, incluso, una dura acusación de Hillary Clinton contra Arabia Saudí y Qatar, a quienes señalaba en un correo enviado a Podesta por suministrar apoyo de forma clandestina a la organización terrorista Estado Islámico (Dáesh)

Diario Publico


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